Introducción
Noelia era una joven de 25 años, con toda la vida por delante y que desde hace unos 5 años vivía con una idea fija: encontrar la manera de dejar de vivir. Es imposible ubicarse en su cabeza y comprender por qué tomó esa decisión. Lo que nos ha llegado de su vida, en parte contado por ella en sus últimos días, es de una crudeza heladora: infancia complicada, familia desestructurada, víctima de violación, lesiones físicas irreversibles (provocadas por una tentativa previa de suicidio) y trastornos psiquiátricos diagnosticados desde hace años.
En estos días se han producido intensas discusiones acerca de su decisión y sus motivaciones para tomar un camino sin retorno. Ese debate no ha sido ajeno a los miembros de la Federación Libres donde en los últimos días hemos tenido también intercambios de ideas sobre esta situación y la relación con la libertad.
Esta entrada nace fruto de esas ideas como una propuesta más de debate. No recoge todos los matices de este complicado debate ni es una posición sectaria de partido. Desde la Federación Libres somos conscientes que hay cuestiones que van más allá de una ideología de partido y que deben ser respetadas y no impuestas. Pero hay una base que compartimos: la convicción de que en toda circunstancia la dignidad y la libertad de cada persona deben prevalecer.
La libertad y la dignidad
Ante una situación tan dura ha aflorado un intenso debate social en el que se destacaba la juventud de Noelia, su trayectoria vital y el contraste entre su trayectoria vital y la de la mayoría de las personas de su generación. Los problemas más comunes como el encaje social, el trabajo, la vivienda, etc., no le eran propios.
Noelia conservaba totalmente su dignidad humana y su libertad para decidir por sí misma su futuro. Y todo ello sin que terceras partes más o menos interesadas puedan menoscabar o atacar ninguno de esos dos aspectos.
Así, un niño o un joven pueden realizar acciones que pongan en peligro su integridad o la de otros. Su familia y entorno deben protegerle y enseñarle, pero esa tutela termina cuando la persona alcance la edad adulta y su capacidad de decidir con plena capacidad.
Desde una perspectiva liberal, el Estado no impone el contenido de los contratos privados: solo interviene para evitar fraude, coacción o incapacidad. Ese mismo principio debería aplicarse a las decisiones más íntimas de una persona: garantizar su libertad, no sustituirla y ocupar su lugar.
En este contexto de dignidad y libertad, la pregunta no es si estamos de acuerdo con la decisión de Noelia, sino si aceptamos que digna y libremente, capaz y consciente, podía decidir sobre su propio final sin que terceros, por muy doloroso que sea para ellos, puedan imponerle el camino a seguir.
La trampa socialdemócrata y los debates morales
Buena parte del espectro político y creadores de opinión han ahondado en los fallos institucionales en este caso. Han señalado que, si el estado y la sociedad no han sido capaces de evitar esta desafortunada situación, es necesario reforzar su influencia e intervención: más controles, más procedimientos, más supervisión y mayor capacidad de gasto:
- Más controles desde los servicios sociales.
- Más recursos para los servicios sanitarios.
- Más procedimientos y gestión administrativa.
Todos ellos pueden ser necesarios en determinadas situaciones, sin embargo, todos esos elementos estuvieron presentes en la vida de Noelia con el resultado conocido.
- Infancia y procesos de tutela fallidos: Se sustituyen entornos familiares, aunque sean de acogida por organismos públicos que se han demostrado fallidos y que ponen en riesgo al menor.
- Existe escasa capacidad de ayuda para proporcionar ayuda física y psíquica en los momentos en los que realmente existían los problemas.
- Se producen procesos judiciales largos que postergan su voluntad y que han puesto por delante las peticiones de terceros, aunque sean familiares.
Igualmente, el estado transmite constantemente la idea de que solo desde la gestión pública se puede dar solución a estos problemas, como si no existieran soluciones sociales, civiles y privadas. Por eso, desde una posición liberal, nos hacemos varias preguntas:
- ¿Es el estado el único con capacidad real para aprobar cuándo un ser humano quiere tomar una decisión libre y formada sobre algo que solo le incumbe a él mismo?
- ¿Es el estado el que debe tener el monopolio de los medios de ejecución de ese derecho?
- ¿Es el estado el que mediante una legislación determinada puede postergar la decisión de una persona por solicitudes, recursos o demandas de terceros?
- ¿Puede el proceso tener distintas características dependiendo de la región o comunidad autónoma del ciudadano?
A este marco institucional se le suman debates morales que resuenan en nuestras cabezas: quién puede lícitamente intervenir en este proceso, el acceso universal, la situación de menores de edad e incapaces, o las inquietudes de las personas más mayores e impedidas. Son cuestiones legítimas, pero ninguna de ellas justifica sustituir la voluntad formada, libre y capaz de una persona por la de terceros, aunque actúen con buena intención.
Nuestra posición
No existe una posición y una solución única a un problema complejo. Solo desde posiciones simplistas se puede pensar eso o tratar de imponer una única respuesta. Desde la Federación Libres defendemos:
- Que la persona tiene dignidad total independientemente de sus condiciones físicas o psíquicas durante toda su vida.
- Que la persona capaz tiene total libertad para tomar decisiones que le afectan personalísimamente. El único límite es su capacidad que debe ser solo valorada mediante procedimientos médicos independientes.
- Que no se debe coartar la toma de decisiones libres mediante procesos largos, tediosos y frustrantes.
- Que el estado no debe tener el monopolio de ninguna actividad que no sea totalmente imprescindible (y esta no lo es).
- Que no se puede imponer una sensibilidad moralizante para evitar que una persona tome sus propias decisiones.
Conclusión
En la Federación Libres deseamos una vida digna y libre de todas las personas. Lamentamos circunstancias personales y penalidades que puedan llevar a cualquier persona a tomar decisiones tan complicadas, pero estamos convencidos que solo deben valorarse desde el respeto a su libertad individual y a su capacidad.
Estamos convencidos de que mucha gente comparte estas ideas básicas como un plan de ruta hacia una sociedad mejor. ¡Ayúdanos a conseguirlo!





