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Yo no sé qué energía necesita España

Introducción

Yo no sé qué energía necesita España. Por desgracia, muchos de nuestros políticos tampoco; y los que están al frente del “Ministerio para Transición Ecológica y el Reto Demográfico”, menos aún (supongo que por eso ya no se llama ministerio de energía).

Probablemente nadie puede saberlo con total certeza ya que implica no solo conocer la demanda futura de millones de individuos (algo que se puede aproximar), sino sobre todo la evolución tecnológica en los próximos años.

Con esta entrada queremos dar algunas ideas en las que creemos que se tiene que trabajar en España y en Europa en los siguientes años. Algunas de ellas incluso con urgencia.

Una visión liberal de la gestión energética

Desde la Federación Libres propugnamos una visión liberal de la gestión energética. Y queremos que esa visión esté libre de dogmatismos y de ideas preconcebidas

¿Vamos a necesitar más energía?

No es fácil responder a esta pregunta. ¿Nos referimos a nivel local, o nacional o europeo?

A pesar de todos los problemas que supone medir la demanda y el consumo de energía, la respuesta es que el consumo de energía primaria en España (incluso en Europa), lleva en torno a 20 años de estabilidad o decrecimiento.

¿Cuáles son las principales razones de este decrecimiento?

  1. Eficiencia tecnológica en la generación. El movimiento a nuevas formas de energía que son más eficientes y que reducen la necesidad de energía primaria para producir fundamentalmente electricidad.
  2. Consumo eficiente: desde iluminación led, a calderas de calefacción y sistemas de transporte.
  3. La deslocalización de la industria. Si tenemos menos industria, hay menos consumo de energía primaria. Globalmente, hemos reducido el consumo en Europa y lo hemos trasladado a China.
  4. Regulación ambiental:  Las normativas para reducir las emisiones de CO2 y NOx desplazan los procesos basados en la utilización de energía fósil a otras tecnologías.

Así que probablemente necesitamos “menos energía” en términos brutos, pero ¿qué otros elementos tenemos que considerar?

  1. El crecimiento de la población. En los últimos años tenemos un crecimiento de población en torno a un 1% anual. Podemos suponer que la elasticidad del aumento de consumo de energía con respecto al incremento de población sea menor a la unidad. (Dónde viven 2 personas, si entra a vivir uno más, no consumen un 50% más).
  2. Cambios en la demanda: Un ejemplo muy claro es el coche eléctrico. Pasamos de demandar energía de modo puntual (una o varias veces al mes, pero de modo puntual y razonablemente distribuido) a una demanda a diario (cargamos el coche todos los días al llegar a casa o en el trabajo).
  3. Electrificación: También varía el tipo de energía que demandamos. Aumenta la demanda de energía eléctrica frente a energía derivada de combustibles fósiles.
  4. El reto de las energías renovables: Son una excelente noticia, pero tiene algunos inconvenientes técnicos que el mercado y la ingeniería y la ciencia deben resolver:
    • Almacenamiento. Podemos almacenar energía hidráulica en una presa, energía combustible en el depósito del coche; pero no podemos almacenar viento ni horas de sol (obviamente existen baterías, pero esas baterías nos permiten almacenar el producto derivado de la energía primaria).
    • Generación intermitente: Su producción no es continua: un molino de viento no produce en ausencia total de viento (aunque cada vez sean más eficientes), ni los paneles solares producen en ausencia de sol o de noche.
    • Gestión de red: Su extensión trae problemas de red. Es necesario gestionar la existencia de múltiples minicentrales (incluso a nivel doméstico) que pueden inyectar energía a la red casi en cualquier momento.
    • Respaldo: Igualmente es necesario asegurar sistemas que puedan funcionar en ausencia de las centrales renovables.

Y entonces, ¿qué hacemos?

La planificación energética se ha convertido en una conversación de cuñados en Nochebuena:

“Vamos a cerrar todas las centrales nucleares porque no hay forma de gestionar sus residuos.”

«Tenemos que mantener las centrales nucleares porque si no tendremos apagones de continuo.”

“Los molinos de viento son feos y estropean el monte. Las aves rapaces están impactadas por ello.”

“Aprovechando que vives en un chalé, ponte paneles solares y hazte independiente.”

¿Quién no ha sido partícipe o ha escuchado estas conversaciones? Todos en mayor o menor medida hemos sido arrastrados al debate de la energía en Europa. Y eso ha tenido un aspecto positivo indudable: la concienciación de un problema con impacto ambiental y en la salud, pero ha traído un problema igualmente profundo: la politización de las decisiones técnicas y el desprecio a la realidad del mercado.

Desde la Federación Libres, queremos destacar los siguientes elementos como parte de una visión liberal de la gestión y evolución de la energía:

  • La energía es la base del progreso: desde la máquina de vapor, al motor de combustión, y al reactor nuclear, es imposible que el progreso humano se hubiera producido sin dichas soluciones.
  • Competencia es eficiencia: En condiciones de competencia, las soluciones más eficientes se imponen, y la eficiencia suele ser herramienta de cambio muy poderosa.
  • Energía barata y accesible: La necesitamos para la industria, para la agricultura y la ganadería y para el desarrollo de los ciudadanos.

Por estos aspectos, proponemos:

  • Menos política y mejores marcos: La gestión energética debe alejarse de intereses partidistas no formados y apoyarse en un marco regulatorio que permita a los intervinientes desarrollar su actividad. El papel del estado debe ir encaminado a asegurar las condiciones de libre acceso y competencia.
  • Neutralidad tecnológica: Se debe evitar poner cortapisas artificiales a la generación de determinadas formas de energía (sea cual sea) y a la implantación y desarrollo de nuevos métodos de generación.
  • Precios transparentes: El sistema de fijación de precios tiene que estar ajustado a los costes de generación. Que no sea así, lo único que hace es trasladar ese coste de los usuarios reales a otros ciudadanos (vía impuestos) o a usuarios futuros mediante sistemas de déficits de tarifa.
  • Simplificación fiscal: No se puede inundar el proceso de generación de energía de impuestos.
    • El último eslabón de la cadena es el recibo de la luz que pagamos todos los ciudadanos mes a mes: Impuesto especial sobre la electricidad, IVA, peajes de acceso y costes regulados, cargos por capacidad… Salvo el IVA (que lo podemos discutir), todo el resto de costes e impuestos tienen que o no existir o estar incluidos en el coste de la energía desde el origen.
    • El más curioso de todos esos cargos es el Impuesto Especial de la Electricidad, que además lleva IVA por encima (o sea, impuesto doble).
  • Seguridad jurídica: Ahora mismo España se encuentra en litigios en tribunales internacionales por los constantes cambios que se hicieron sobre los incentivos a las energías renovables. Esos incentivos adelantaron la implantación de centrales basadas fundamentalmente en energía solar, pero lo hicieron tan por encima de la necesidad, que hubo que modificarlos en varias ocasiones.

Conclusión

En la Federación Libres no sabemos cuál será la evolución de la energía en los próximos años. Tampoco los políticos y ya lo identificó Hayek con su concepto de “fatal arrogancia”. Desde Libres queremos ayudar a que la transición energética sea basada en energías y soluciones eficientes. ¡Ayúdanos a conseguirlo!

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