Fundamentos: Capitalismo, libre mercado y liberalismo II

¿Qué es Fundamentos?

Con estos artículos pretendo ayudar a todos nuestros simpatizantes y afiliados a que resuelvan un problema habitual en nuestras vidas: tropezar con desagradables socialistas (de izquierdas y a veces también de derechas) que nos acusan de ser seres inhumanos carentes de la necesaria solidaridad que sus falsas iglesias les han estampado en sus ideas.

Así que como bien explicó Villanueva en 🐍 ORGULLO LIBERAL | Fernando Díaz Villanueva y Milei lo ha llevado a la práctica Javier Milei: «Somos superiores moralmente, somos superiores estéticamente». nosotros somos los buenos, los que respetan a todos los seres humanos, creen que cualquiera de ellos debe tomar sus propias decisiones y sólo tienen derecho a buscar la felicidad sin que la violencia se lo impida.

Pero ya Bastiat uno de nuestros grandes pensadores en el s. XIX en «Lo que se ve y lo que no se ve» se dio cuenta de que es complicado explicar muchas cosas porque las relaciones entre los seres humanos son complejas y calcular las consecuencias finales suele ser imposible. Se te puede ocurrir que romper un cristal es estupendo porque el tendero tendrá que gastar dinero en el cristalero que lo gastará en otra persona y así colaborar en el supuesto interés general. Y te habrán engañado porque esos majaderos lo que habrán conseguido en el mejor de los casos es poner un cristal que ya existía pero te han ocultado que el tendero podría haber hecho otra cosa distinta con ese dinero que incluso podría ser algo maravilloso como pagarle un profesor a su hijo.

Así que amigo mío si lees estas entradas cuando te tropieces con uno de esos majaderos te sobrarán argumentos para rebatirles sus exabruptos y dejarás en ridículo a los supuestos benefactores de la humanidad que lo único que quieren es tener poder para imponer sus deseos. Se suelen llamar a si mismos «políticos».

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¿Por qué capitalismo, libre mercado y liberalismo?

La principal razón de empezar con estas tres palabras es que son palabras muy «abusadas» y «maltratadas» incluso por nosotros mismos, los amantes de la libertad. Ahora bien lo de los socialistas se puede salir de la escala. En vista del éxito del último post hoy me voy a dedicar a la caza mayor y señalaremos a Santiago Armesilla en X: «¿Pero qué produces tú, Axel? ¿Cuántas mercancías produces tú al mes? Hablas de que se te roba, ni que fueses un obrero que genera plusvalor que se lo apropia un capitalista. Quizás el editor de tus panfletos se apropia de valor que nunca se te paga. Pero para ti el capitalista no roba. No eres más que un lameculos del capital.» / X

Armesilla es un confeso comunista que incluso no duda en reinvidicar a Stalin como padre de la Humanidad y para hacerlo más interesante no duda en mezclar su pensamiento con una reinterpretación del nacionalismo español bastante reciente cuya idea clave es la «anglofobia». Es un curioso personaje que daría para sección propia pero hoy quería centrarme en el libre mercado.

En este tweet replica a una de las figuras actuales del liberalismo hispano al que siempre merece la pena leer: Axel Kaiser, al que no puedo evitar verlo como el «Rallo chileno». Su principal diferencia es que Kaiser no duda en bajarse y mancharse en la arena política mientras que el español en cambio nos educa desde su torre de márfil (tradición española seguida Bastos, Huerta de Soto y tantos otros huyen de cualquier cosa que huela a relacionarse con un partido político). ¡Qué buena falta nos haría un Axel Kaiser es España! Ya puestos, que también tuviera un hermano candidato a Presidente del Gobierno. Sí, desde la distancia Johannes Kaiser me parece mejor candidato que Kast (que me perdonen los chilenos por mi atrevimiento).

Pero volvamos al post y al libre mercado. Kaiser identifica a los socialistas como ladrones. No os voy a engañar, con la edad a mi me pasa lo mismo. Sé que suena como una generalización injustificable pero es que son tantos años de ver como funcionan los socialistas que acabas asimilando ambas palabras. La única diferencia que hago es entre granujas socialistas o de alucinados que gastan el dinero de todos en errores que acabamos pagando todos. Unos deben ir directamente a la cárcel y con los otros pueden existir dudas.

Así que el indignado Armesilla le replica al tweet de Kaiser diciendo que ladrones son los capitalistas que se apropian del plusvalor generado por los obreros. Es lo malo de los comunistas doctrinarios, han recitado tantas veces sus credos que les aprietas dos botones y te vuelven a recitar sus oraciones entrando en monotema (explotación, plusvalor, apropiación original, y poco más).

Lo primero qué hay que señalar es que sí Kaiser no es un sufrido obrero digno del respeto que cualquier ser humano se merece, entonces Armesilla tampoco lo es porque ambos hacen esencialmente lo mismo. Incluido el adorador de Stalin, ambos serían miembros de la clase capitalista que explota a los sufridos obreros. ¡Nunca le pidáis coherencia a un socialista y mucho menos a un comunista! Por cierto, tiendo a usar indistintamente la palabra socialista o comunista porque como bien definió el maestro Carlos Rodríguez Braun la diferencia entre ambos estriba en el grado de canibalismo que son capaces de practicar…

Kaiser y Armesilla realmente hacen lo mismo: uno liberal y otro comunista. Ambos se pasan la vida estudiando obras de pensamiento, dan clases y conferencias, publican sus libros y participan en la escena pública opinando sobre la sociedad. Incluso podríamos decir que ambos escriben panfletos. Vuelvo a confesar que los panfletos de Axel Kaiser a mi me parecen muy recomendables e incluso me gasto euros en ellos; los de Armesilla en cambio sólo los leo para observar y vigilar como avanzan esas manadas de animales salvajes llamados socialistas/nacionalistas españoles (e intento gastar los mínimos euros posibles en esa tarea, no vaya a ser que alimente a esas fieras).

Pero aquí venimos a hablar de libre mercado y qué tiene que ver este tweet, pues fijaros que Armesilla usa una palabra y la usa de forma consciente, incluso ¡doctrinal! La palabra es «mercancías» porque lo que nos quiere implantar en la cabeza es que los seres humanos buenos son los obreros que hacen mercancías y el resto son parásitos que se aprovechan de ellos. No dice bienes y mucho menos servicios, dice mercancías. No es casual es algo que llevan muy dentro los que han asumido las tesis de uno de los mayores demonios del pensamiento humano de la historia: Karl Marx. Cuidado porque estos individuos son tremendamente peligrosos y pueden destruir sociedades sembrando la miseria en la cabeza de los individuos sus aberraciones morales: en estre caso negar o al menos restringir la propiedad de acuerdo a sus creencias.

Continuan la moralina fijando en nuestra cabeza la idea del sufrido obrero que con sus manos hace cosas por lo que es un ser virtuoso y al lado al malvado capitalista que medra a costa del trabajo de otros y roba plusvalías. Entre los obreros se pueden aceptar poetas, ingenieros o incluso políticos siempre que sean del partido comunista correcto. Todos los que no aceptemos esta moralina somos susceptibles de ser perros que sirven al capital. Nótese que entre los perros también se incluyen a los comunistas de las facciones rivales que aunque puedan pensar las mismas tonterias no sirven al amado líder del partido único que debería dirigirnos a todos.

Parece un chiste pero esa idea es una de las mayores pesadillas de la Historia humana reciente: bajo esa premisa se justifica el robo, violación o incluso asesinato. Ninguna otra ideología ha provocado tantos muertos como el socialismo/comunismo, el nacionalismo se queda bastante atrás en la comparación y los liberales no matamos por ideología, sólo justificamos la legítima defensa.

Un derecho fundamental: la propiedad

En la cabeza de un ser humano normal hay una idea esencial: propiedad. Invito a cualquiera a ir a una guardería y quitarle un juguete a un niño pequeño para comprobar como de natural es que los seres humanos consideramos que hay objetos que son propiedad de otros seres humanos. También es natural que los objetos abandonados pueden ser apropiados por un ser humano y si quedan otra vez abandonados otro puede volver a apropiarse de ellos. Repito llega con ir a una guardería, no hace falta un registro de la propiedad estatal para observar este derecho humano. Es más creo que hay un «prederecho de propiedad» en muchas especies animales, podéis comprobarlo si le intentáis quitar un hueso a un perro.

Ahora bien, los seres humanos vivimos en sociedad. Sin otros seres humanos incluso nuestro Robinson Crusoe de la pasada semana dejaría de ser un ser humano. En nuestras comunidades nadie es capaz de fabricar todos los bienes que un humano del s. XXI necesita para vivir conforme nos hemos acostumbrado así que necesitamos bienes que no son nuestros.

Es más, nadie sabe hacer todas las cosas o a veces simplemente no tiene o el tiempo o la pericia necesaria para hacer trabajos que necesita para poder vivir felizmente. Así que necesita los servicios de otros individuos de la sociedad para obtener los productos y servicios que necesita para vivir su vida.

Desechemos el uso de la palabra mercancías y usemos las palabras correctas: productos y servicios. Y ahora desvelemos la cruda realidad del ser humano con la que tiene que lidiar todos los días: ni los productos ni los servicios son infinitos. Ya sea por limitaciones temporales o materiales no es posible que todos los seres humanos por el mero hecho de desearlo puedan tener lo que necesitan o mejor dicho, creen necesitar. No hay suficientes Tierras ni tecnologías que lo soporten así que llega la hora de hablar de la ciencia que se encarga de la correcta gestión de los recursos, sí hablo de la economía.

¡Tranquilos, estamos en fundamentos, que nadie desconecte! Vamos a hablar de una realidad incómoda: ¿por qué todos los primeros economistas tenían como principal preocupación cosas como la teología, la ética o simplemente la filosofía y apenas les importaban las matemáticas? Porque lo primero que hay que hacer para gestionar bien los recursos es seguir buenos principios éticos y respetar la moral de tu sociedad (creo que acabo de señalar que la mayoría de ministros del PSOE del actual gobierno es imposible que sean buenos gestores).

Volvamos a la guardería para hablar de moral y ética y empecemos por agradecer el trabajo de tantos buenos seres humanos que civilizan a nuestros pequeños primates llamados niños: gracias a los profesores y a los padres, siempre que sean buenos educadores se les transmite a los las mejores maneras de resolver conflictos que siempre se basan en llegar a un acuerdo entre las partes afectadas. Nunca se les ocurriría crear un ministerio de gestión de juguetes que acabe en una tiranía y se crean buenas costumbres como «yo te dejo mi juguete si tú me dejas el tuyo» o «yo te ayudo a colorear si tú me ayudas a mi».

¡Esa es la base del libre comercio! Reconocer que algo no es tuyo sino de otra persona y que no puedes usar a otros seres humanos para tus propios intereses sin que ellos accedan voluntariamente. Así que tienes que aprender a convencerlos (y no pegarles).

Los buenos educadores además enseñan a ser solidarios porque es una forma de garantizar que en la «sociedad de la clase» las cosas funcionen mejor porque si mañana cualquiera no tiene algo o necesita ayuda un compañero le ayudará y esto se explica no porque exista un «estado que cuida de nosotros y nos quita lo que hace falta y nos manda hacer cosas» sino como una buena costumbre entre compañeros que voluntariamente deciden ayudar o ceder el objeto que necesita el compañero ese día porque mañana pueden ser ellos los necesitados.

El comercio y la violencia

¿En qué momento se estropean los niños inocentes y se convierten en malvadas personas? Bueno, ya he aclarado que no tengo claro que los niños sean tan inocentes, es más creo que se necesitan buenos educadores para poder crecer y tener una buena moral pero en general sí que creo que los principios anteriores son inculcados en casi todas las sociedades humanas modernas y especialmente en la occidental que los ha proyectado a toda la Humanidad pero lamentablemente hay un camino siniestro que muchos humanos acaban prefiriendo: usar la violencia en lugar del comercio.

Por ejemplo, los espartanos eran acostumbrados desde niños a robar o incluso hacer peores cosas a los hilotas; los jemeres rojos eran capaces de asesinar a alguien simplemente por llevar gafas y no ser auténticos trabajadores camboyanos. Algunos me llamarán exagerado pero me remito a Rodríguez Braun, la diferencia es cómo de caníbales son esos salvajes incivilizados: algunos te hacen trabajar medio año para poder pagar sus inútiles ministerios y mafias, otros directamente te convierten en unidades de producción del estado. ¡Nunca dejéis de dar las gracias por no haber nacido en Corea del Norte!

Momento de hacer otra recomendación: «Los enemigos del comercio» del maestro Escohotado son tres librazos que desarrollan este concepto a lo largo de la Historia. Periódicamente hay grupos de iluminados que creen que pueden traer la utopía a la Tierra y que los seres humanos han de obedecerles en todo momento. La cosa siempre acaba en violencia y en miseria ya sea por la destrucción ocasionada o simplemente porque todos los seres humanos cuando son esclavizados tienden a ser menos productivos e innovadores.

¿Por qué empeora la economía? Porque la economía es esencialmente un juego de incentivos. Según los incentivos que se establezcan así serán los resultados obtenidos. Si el incentivo es sobrevivir al tirano se obedecerá ciegamente y se caerán en auténticas aberraciones, si el incentivo es que tus clientes estén más satisfechos y paguen más por tus productos o servicios pues sencillamente animarás a los productores a hacer más y mejores productos y servicios.

Algunos aún creerán que aún siendo cierto lo anterior es posible el socialismo, la supuesta versión «pacífica» y/o «democrática» pero nos quedan por desvelar más enmiendas.

La estupidez del precio justo

Cuando era niño había un famoso concurso en la tele que se llamaba «El precio justo». Hoy sé que se basa en una inmensa mentira porque no existe un precio justo, el valor de las cosas es subjetivo. Es cierto que una empresa para facilitar sus operaciones puede fijar un precio pero eso no deja de ser una aproximación que incluso puede cambiar por cualquier situación que afecta a la empresa de un día para otro o se pueden formar mercados secundarios con otros precios.

No hay nada que nos pueda justificar que existe un precio «justo» porque cada ser humano establecerá un valor diferente para ese producto o servicio en base a su forma de pensar y su situación particular. Sobran ejemplos, valoras de forma distinta un botellín de agua en un supermercado que en una playa. No pagas lo mismo cuando tienes uno que cuando tienes 10 o 100 o llegado un punto que ya tienes muchos pensarás que el siguiente para ti vale 0.

Los marxistas se empeñan en decir que el precio de una mercancía es el que compensa el trabajo realizado por el obrero y cuando se cobra más es porque hay un malvado empresario que se apropia de una plusvalía. Lo primero es que ya se saltan la parte de que un obrero puede hacer el mismo producto con menos trabajo que otro porque su habilidad es mayor a la de otro pero además ignoran que la productividad del obrero depende de la empresa e incluso de la sociedad en la que trabajan. Un agricultor de Uganda tiene que trabajar mucho más que uno suizo porque no tiene la misma maquinaría pero a lo mejor tampoco forma parte de una empresa que tiene poderosos mecanismos para vender un producto parecido a mejor precio.

El precio no paga sólo el trabajo del obrero tiene que pagar toda la estructura necesaria que permite poner ese producto a disposición del cliente (capital, factores de producción, de marketing, dirección empresarial, trabajadores, …) y también el riesgo porque a veces un producto es muy bueno pero simplemente la gente no lo compra y alguien tiene que asumir las pérdidas y para asumir las pérdidas necesitas que pueda haber beneficios porque sino pues no arriesgas a meterte en esa empresa.

Ya está bien de hablar de trabajadores y empresarios. Trabajadores son todos, porque todos trabajan en la empresa la diferencia es que unos lo hacen con un salario fijo y otros con una participación en los beneficios. Su riesgo es muy distinto pero su implicación puede ser igual de alta en ambos casos. De hecho, en la empresa moderna esa distinción se vuelve más difícil porque los sistemas de remuneración actuales tienden a ser mixtos y además la propiedad de una empresa puede estar dividida entre una infinidad de accionistas que incluso pueden ser asalariados de la propia empresa. El mundo actual es mucho más complejo de lo que el supuesto marxismo científico llegó a vislumbrar pese a su prepotencia de creer que habían alcanzado la verdad absoluta.

El precio no se calcula por los costes

Con el libre mercado hay que ponerse de acuerdo entre comprador y vendedor para fijar el precio. Cualquier empresario de éxito te dirá que la forma de conseguirlo es poner un precio inferior al valor que el comprador creé recibir. Si los costes de la empresa son mayores al valor que reciben los clientes la empresa tendrá que mejorar su estructura de costes o mejorar su producto o aceptar su desaparición.

Y eso es bueno porque así se liberarán recursos (personas, capital, maquinaría, …) que estarán mejor aprovechados en otras actividades que si aportan valor a la sociedad en lugar de una empresa que a nadie le importa realmente.

¡Pero es que puede ser injusto porque te lo digo yo!

Esto suele ocurrir con los niños que no saben aceptar un no por respuesta pero también con «adultos» que son incapaces de aceptar la negativa a que sus deseos se hagan realidad y creen que existe un estado benefactor que puede conseguir hacer realidad cualquier fantasía. Los políticos se aprovechan de ese pensamiento infantil para conseguir partidarios y justificar su poder (y sus abusos). Jugarán a ser seres divinos capacitados para fijar un precio justo que permita establecer una justicia social y lo que siempre acabarán consiguiendo es crear nuevas injusticias que acaban destrozando las sociedades.

Porque los precios que se fijan por las múltiples transacciones libres entre miembros de una economía son las mejores señales que permite informar a todos los miembros de la economía sobre qué productos y servicios son demandados por la sociedad. Así la sociedad se entera de que hace falta ese producto porque los que lo hacen ganan mucho y algunos pensarán que es un buena cosa a la que dedicarse y se aumentará la oferta y bajarán los precios. O al revés, ganarás poco y pensarás que es mejor dedicarse a otra cosa más necesaria por la sociedad.

Fija un precio por decreto ley y destrozarás la forma de coordinarse entre productores y consumidores. Lo único que crearás es corrupción, mercado negro y escasez.

Da igual que hablemos de viviendas, litros de leche, salarios mínimos, … grabadlo bien fuerte en vuestras cabezas: fijar precios es malo, muy malo. Nunca ayuda a la gente lo único que hace es perjudicar a unos para supuestamente beneficiar a otros pero que es que ni siquiera son realmente beneficiados porque con sus privilegios se dejan arrastrar a una espiral en la que dependerán de los políticos en lugar de aportar valor a la sociedad. Cambia el gobierno de signo y esas personas acostumbradas a vivir del aire tendrán serios problemas para adaptarse a una nueva realidad.

¡Málditos liberales mercantilizáis todo incluso a las personas!

Volvemos a nuestros marxistas que quieren usar la palabra mercancía para a continuación acusarnos de mercantilizar a las personas. Porque supuestamente los liberales tratamos a las personas como objetos a los que se les puede poner un precio.

Es mentira; nosotros, los liberales, tratamos a todos los seres humanos como poseedores de los mismos derechos que nosotros mismos. No creemos en que haya personas mejores o peores que otras y detestamos a los tiranos que se creen capacitados para obligarnos a todos a aceptar sus ocurrencias. Por cierto, son los tiranos los que con sus maquinaciones usan a las personas como medios para conseguir sus fines, no los liberales que creen que cada persona es un ser único que se merece todo el respeto y los mismos derechos que nosotros mismos.

Nosotros, los liberales no queremos obligar a nadie a aceptar algo en contra de su voluntad. Eso es lo último para nosotros sólo en situaciones límite de supervivencia podríamos aceptar, que nunca justificar, un robo como obligar a alguien a aceptar un precio o directamente expropiarle su propiedad.

Con los socialistas, en cambio, el robo se convierte en habitual y se crean colectivos organizados para obtener privilegios que serán pagados por la restante parte desorganizada de la sociedad. Dale tiempo, y la sociedad se volverá corrupta por todos los conflictos generados por unos y por otros en una autodestructiva lucha por aprovecharse del vecino.

Así que con el libre mercado ocurre como tantas otras veces: tenemos que reivindicarlo porque es uno de los mayores avances avances de la Humanidad: glorificar el comercio y renunciar a la violencia. Otra vez, como diría Milei podemos decir que somos moralmente superiores y gritar fuertemente «¡Viva el libre mercado!»

Autor

  • Juan José Iglesias González

    Como buen ferrolano simpaticé desde la juventud con ideas socialdemócratas y también nacionalistas pero también soy un lector empedernido y tengo una curiosidad infinita. Así que en 2008 quise entender que era la gran crisis y acabé entendiendo las ideas de la libertad hasta el punto de amarlas.
    No tengo títulos para presumir, sólo puedo explicar lo que he leído y dónde lo he leído. Así que por favor, contrasta y debate porque debatir siempre es maravilloso.

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